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Mostrando las entradas etiquetadas como poetas

La Genealogía de Berta Piñán

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GENEALOGÍA La rosa que cortó George Sand, su perfume furtivo en esta tarde última de otoño. Los rebaños australes de Alejandra Pizarnik que mi abuela apacentó después, en la navidad del 57, sola entre la nieve, en los montes de L'Aspru. La llama de un fósforo, en Park Avenue, en las manos ateridas de Margaret Randall, que alumbra ahora mi cigarro en la noche de Madrid; las garzas azules de Elizabeth Bishop que vienen a posarse en la orilla de estos versos y son también aquello que perdimos; Linda Pastan y las voces, al volante, cuando presiente que ya hemos gastado el tiempo que nos queda. Un libro que pasa de mano en mano en una mañana apacible de Dachau -Alemania- y que yo abro ahora, 60 años después, para recordar que nunca más seremos inocentes. La carta que Adrienne Rich nunca envió, donde decir adiós y decir lo siento le dolía tanto -el corazón de una mujer arde en ese cuarto-. Los números secretos de Szymborska, el manzano qu...

Laura Casielles

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Laura Casielles Plácida curvatura de las órbitas terrestres Un árbol cargado de fruta, como un pecho cargado de leche, la curva de gravedad de la vida que se dota de una hermosa pesantez por dar más vida. Como un cuerpo rebosante de amor, turgente, espléndido, que se despereza mientras entra por la ventana olor a mundo. Laura Casielles. Los idiomas comunes. Hiperión, 2010, Madrid.

La levedad del pájaro. Laura Casielles

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Laura Casielles . Premio de Poesía joven Miguel Hernández 2011  LA LEVEDAD DEL PÁJARO Aprender la levedad del pájaro.  Sacar los pies del nido y encontrar  que fuera el mundo es limpio y el cielo es amplio y no nos queda nada   por lo que valga la pena no amar. Aprender la levedad del pájaro. Respirar. Sentir como pasa el aire por todas las esquinas del cuerpo, lo más parecido a volar que puede hacer una mujer como yo, con el corazón pegado a la tierra. Desafiar la gravedad como quien desafía una norma, aprender la levedad del pájaro. Olvidar que las cosas pesan y echarlas al aire quedarse quieta y ver cómo les nacen alas. Lo más parecido a volar que puedo hacer, yo que tengo los pies de plomo. Aprender la levedad del pájaro. Laura Casielles. Los idiomas comunes. Hiperion, 2010.

Hariprasad Chaurasia y María Zambrano

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Lo celeste   "En par de los levantes de la Aurora"      Por amplias que sean sus alas, la luz auroral que sigue al alba es como un boquete, un lugar que tiende a absorber y ofrecer al par la inminencia de que algo inconcebible aparezca. ¿Un ser? Un animal quizás, un ser viviente, se dibuja casi, está al dibujarse. Un ser viviente de aliento y de pasión, un fuego oscuro por indiscernible que luego resulta ser simplemente blanco. Un blanco inextenso, un ser sin extensión. ¿Pensamiento? Mira tan sólo. Es una mirada, ya que la mirada de todo aquello que se manifiesta visiblemente es lo único que no tiene extensión y, aun más, la borra.      Llega la mirada anulando la distancia, quien la recibe queda traspasado, raptado o fijado; fijado, si es la mirada de la luz. Y cuando la luz nos fija es que nos mira, y, al mirarnos, ¿se sabría decir lo que sucede? Y, por no saberlo decir, se borra: no crea ...

El amor, qué es....

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María Zambrano Acabo de entrar en mi facebook y me encontrado un comentario de una mujer genial, Elena Álvarez Gallego, que siempre me hace reir con su ironía, que cuenta que Punset ha dicho que el amor es un instinto para garantizar la supervivencia, y delante de eso trae las siguientes palabras de María Zambrano: "El amor es el susurro del alma, el recuerdo en medio del olvido; el amor nace de todas las cosas bellas que no decimos".

Lyn Hejinian

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Lyn Hejinian Una pausa, una rosa, algo sobre el papel U n momento amarillo, justo como cuatro años después, cuando mi padre volvió a casa de la guerra, al momento de saludarlo, estaba parado al pie de las escaleras, más joven, más delgado que cuando se fue, era púrpura —aunque los momentos ya no son así de coloridos. En algún sitio, al fondo, las habitaciones comparten un decorado de rosas pequeñas. Caras vemos corazones no sabemos. En ciertas familias, el significado de la necesidad es lo mismo que el sentimiento de prenecesidad. Las mejores cosas quedaron reunidas en una pluma. Las ventanas estaban ceñidas por cortinas de gasa blanca que nunca se desataron. Aquí me refiero a lo irrelevante, esa rigidez que nunca interviene. De ahí, las repeticiones, libres de toda ambición. La sombra de los secoyas, ell...

Chantal Maillard

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Chantal Maillard Axis mundi Desciendo desciendo al cuerpo y veo la lombriz de mi espíritu alojada en mi vientre. Subo, subo en espiral hacia el motor del mundo huyendo huyendo del mareo del mal de ser sola tan sola entre las vísceras subo al latido me alojo en su arritmia y descubro mi rostro de lombriz adherida a las válvulas y asciendo sigo ascendiendo en busca de una razón que diera sentido a mi existencia me deslizo en la tráquea bloqueo las palabras asciendo resbalo. Hay un agua viscosa tras los ojos resbalo y se me pegan imágenes de un mundo apenas insinuado asciendo y al llegar a la cúpula descubro que sus paredes lisas transparentes, vacías tienen la textura carnosa de mi vientre. He bajado al espíritu he subido al instinto. La misma lombriz tensa el eje que mantiene erguida mi cintura. El nombre que le ponga ahora será el tuyo pero su nombre es el de aquellos que he amado de aquellos que amaré es todos y ni...

Música en relación: María Elena Walsh y Mercedes Sosa

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Mercedes Sosa cantando esta canción de María Elena Walsh
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"La esperanza tan dulce  tan pulida tan triste la promesa tan leve no me sirve no me sirve tan mansa la esperanza. Me sirve tu mirada que es generosa y firme y tu silencio franco si me sirve me sirve la medida de tu vida". Mario Benedetti De una amiga querida, Encina, me llega el regalo de este poema.  

un poema para un momento

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Isla ignorada   Soy como esa isla que ignorada, late acunada por árboles jugosos, -en el centro de un mar que no me entiende, rodeada de NADA, sola sólo-. Hay aves en mi isla relucientes, y pintadas por ángeles pintores, hay fieras que me miran dulcemente, y venenosas flores. Hay arroyos poetas y voces interiores de volcanes dormidos. Quizá haya algún tesoro muy dentro de mi entraña. ¡Quién sabe si yo tengo diamante en mi montaña, o tan sólo un pequeño pedazo de carbón! Los árboles del bosque de mi isla, sois vosotros mis versos. ¡Qué bien sonáis a veces si el gran músico viento os toca cuando viene del mar que me rodea! * * * A esta isla que soy, si alguien llega, que se encuentre con algo es mi deseo; -manantiales de versos encendidos y cascadas de paz es lo que tengo-. Un nombre que me sube por el alma y no quiere que llore mis secretos; y soy tierra feliz  -que tengo el arte de ser dichosa...

Gioconda Belli

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Gioconda Belli Amor de frutas   Déjame que esparza manzanas en tu sexo néctares de mango carne de fresas; Tu cuerpo son todas las frutas. Te abrazo y corren las mandarinas; te beso y todas las uvas sueltan el vino oculto de su corazón sobre mi boca. Mi lengua siente en tus brazos el zumo dulce de las naranjas y en tus piernas el pomegranate esconde sus semillas incitantes. Déjame que coseche los frutos de agua que sudan en tus poros: Mi hombre de limones y duraznos, dame a beber fuentes de melocotones y bananos racimos de cerezas. Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios podrá expulsarme. En septiembre Gioconda Belli vendrá a visitar el lugar donde trabajo , a leer sus poemas y más. ¡Qué emoción!

María Elena Walsh (La señora noche)

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Don dolón dolón (o La señora noche) Duermo en el aljibe con mi camisón apolillado, don dolón dolón, duermo en el aljibe con mi camisón. No son las polillas, son diez mil estrellas que se asoman, don dolón dolón, por entre los pliegues de mi camisón. Cuando sale el sol tengo que meterme en el aljibe, don dolón dolón, duermo en el aljibe con mi camisón. Cuando yo aparezco todos duermen y la araña teje, don dolón dolón, salgo del aljibe con mi camisón. A ver si adivinan, a ver si adivinan quién es esta, don dolón dolón que está en el aljibe con su camisón.

Epitalamio. Aaron Kramer

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Aaron Kramer Epitalamio   ¡Venid vosotros, a quienes no os satisface gobernar una habitación solitaria y empapelada repleta de pájaros mudos y flores que no florecen y armarios desbordados de sueños muertos hace ya tanto! Venid, vosotros, barramos las viejas calles, como un prometido: barramos las hojas muertas con una escoba incansable; preparaos para la primavera, como si fuera nuestra prometida por cuyo paso ligero ansiosos aguardamos. Barreremos nuestras sombras, de las que las ratas se han                                                                              [alimentado; barreremos nuestra ver...

Julia Otxoa

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Cuando la lluvia se ha ido Cuando la lluvia se ha ido he salido descalza al exterior, el olor a tierra mojada era tan intenso... parecía que toda la montaña latía con fuerza dentro de mi estómago. He sentido entonces mi silencio emocionado como un manzano mecido por la brisa. Luego me he arrodillado y he estado comiendo tierra hasta que dentro de ella he oído cantar a mis abuelos. La nieve en los manzanos. Miguel Gómez Ediciones. 2000, Málaga. Los poemas de esta mujer me hacen volver a ella una y otra vez. Mágica.
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Padre nuestro que estás en los cielos ¿por qué estás tan arriba y tan lejos? Así no vas a oir lo que hacen en tu nombre.. Si lo vieras, sin duda, bajarías corriendo para decir muy alto: "No es eso; no es eso". Aquí hay algunas gentes que hacen daño, dicen que todo es suyo y que el mundo es su reino. Roban cada mañana el pan de cada día, y también el agua y la luz, el aire y la tierra, lo quieren llenar todo de horror y de miseria. Desde aquí se ve muy poco de tu cielo, con tanta nube de descuido y de egoismo, de sálvese quien pueda y como pueda. No sé quien tendrá que perdonar las deudas, pero tú, padre, no mires a otro lado. Ya es hora de que vengas a hacer algo, pero si no te atrevieras, pues te veo indeciso díselo a nuestra madre; seguro que ella baja, se arremanga los mantos como sabe y pone un poco de orden en casa. Abrirá las ventanas para que corra el aire, encenderá las luces, limpiará los rincones, sacará otra vez el amor de los armarios ...

Silvina Ocampo

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Los delfines Los delfines no juegan en las olas como la gente cree. Los delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar. ¿Qué buscan? No sé. Cuando tocan el fin del agua despiertan bruscamente y vuelen a subir porque el mar es muy profundo y cuando suben ¿qué buscan? No sé. Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño y vuelven a bajar dormidos, y vuelven a tocar el fondo del mar y se despiertan y vuelen a subir. Así son nuestros sueños.

El amor y Emily Dickinson

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1765 Que el Amor es todo lo que hay, Es todo lo que sabemos del Amor; Con eso basta, la carga debe ser Proporcionada al surco. Emily Dickinson (1830-1886).   Ana Mañeru Méndez. Ediciones del Orto.

Sylvia Plath

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HONGOS De noche, muy blancos, discretos, muy silenciosos nuestros pies, nuestras narices, captan la tierra, el  aire. Nadie nos ve, para, traiciona; los granos abren paso, los puños puas apartan y hojas tupidas, incluso alfombras. Mallos, arrietes, sordos y ciegos, del todo mudos, agrandan grietas, sondean huecos. De agua vivimos, de migas de aire, suaves pedimos: o todo o nada. ¡Somos tantísimos! ¡Somos tantísimos! Somos estantes, mesas, muy dóciles y comestibles, entrometidos, involuntarios. Somos fecundos: mañana el mundo será ya nuestro: ya os avisamos. Sylvia Plath. De El Coloso, en Antología. Edición Visor de Poesía.

Alejandra Pizarnik y Olga Orozco

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Tiempo                                               A Olga Orozco Yo no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla. Mi infancia y su perfume a pájaro acariciado. Alejandra Pizarnik Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino...   Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino, alguna vez podremos interrogar con causa a esas escoltas de genealogías que tendieron un puente desde tu desamparo hasta mi exilio y cerraron de golpe las bocas del azar. Cambiaremos panteras de diamante por abuelas de trébol, dioses egipcios por profetas ciegos, garra tenaz por mano sin descuido, hasta encontrar las puntas secretas del ovillo que devanamos juntas y fue nuestro pequeño...

Mía Gallegos

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  Mía Gallegos De «Los reductos del sol» III Me aferro al cuerpo como único reducto permitido. Carezco de sitios de ternuras y llantos. De nuevo palpo la llama del pájaro quebrado. Busco abrigo en lana. He puesto mis pies debajo de las aguas y por la presión de mis párpados callados sé que no soy ni siquiera una isla. VIII Vivir, ya he dicho: Tener sobre las manos un fajo de papeles: un lápiz, libros, dibujos, sueños. El alma al descubierto vulnerable. Estar así. Beberse a una misma. Sollozar.     Tomar el invierno para tejer una mansión de lino Vigilantes los senos, escondidos en la piel. Vibrar Repasar las camisas, acomodar los sueños, dejar en perfecta armonía los clavos, la canela, el azúcar y los aromas. Dejar el alma al despoblado, musitar pequeños versos de Sor Juana, olvidar castigos y derrotas. Recordar el olor de un verano en Guanacaste. Fruncir el ceño por placer, sonreír por malicia. Vivir, acodada entre sombras, an...